Cuando hablamos de entrenar para mejorar en el running, solemos pensar en series, fartleks o rodajes a ritmo fuerte. Pero lo que muchas corredoras no saben es que la clave para progresar no está en correr rápido siempre, sino en saber cuándo y cómo correr lento.

Esa es la esencia del slow running: entrenar a un ritmo cómodo, suave y sostenible, que te permita mantener una conversación sin quedarte sin aliento. Y lo mejor es que, al combinarlo con entrenamientos más rápidos, puedes conseguir una mejora enorme en tu resistencia y rendimiento.

Por qué el slow running es imprescindible en tu plan de entrenamiento

Incluso las atletas de élite hacen la mayor parte de sus kilómetros a ritmos suaves. ¿Por qué?
Porque el slow running aporta beneficios que ningún entrenamiento rápido puede darte:

  • Construye una base aeróbica sólida: fortalece tu corazón, tus pulmones y tu capacidad de aguantar más kilómetros sin agotarte.
  • Reduce el riesgo de lesiones: menos impacto, menos sobrecarga, más constancia.
  • Facilita la recuperación: ayuda a tu cuerpo a asimilar los entrenamientos exigentes.
  • Aumenta tu motivación: te conecta con el placer de correr, sin presión.

La combinación perfecta: correr lento + correr rápido

El secreto no es elegir entre correr lento o rápido, sino aprovechar lo mejor de ambos mundos.

1. Slow running como base semanal

Dedica al menos el 70-80% de tus kilómetros a ritmos suaves. Estos rodajes deben ser lo suficientemente cómodos como para poder hablar con otra persona mientras corres.

2. Entrenamientos rápidos para estimular la velocidad

El resto del tiempo, incluye sesiones intensas como:

  • Series cortas para ganar velocidad.
  • Fartlek para combinar ritmos y trabajar cambios de intensidad.
  • Rodajes controlados o tempo para acostumbrarte a mantener un ritmo sostenido.

3. Recuperación activa con slow running

Después de una sesión rápida, un rodaje lento es ideal para recuperar sin dejar de moverte. Es como un masaje activo para tus músculos.

El slow running también es para ti

Si eres de las que siempre acaba la última en un club de running porque las demás van demasiado rápido, un club de slow running te ofrece un espacio para sentirte parte del grupo.
Y si ya corres rápido y quieres progresar, el slow running es tu arma secreta para mejorar la resistencia y evitar lesiones.